Este nuevo casino refleja la transformación que viene sufriendo Siria en el último tiempo dejando atrás un pasado socialista y dando cabida a un nuevo mercado libre. El presidente Bashar Assad apuesta a que este cambio evite que su país también caiga presa de la agitación como está sucediendo en Egipto y Túnez donde el descontento social estremece a la población.
Sin embargo, algunos sostienen que los juegos de apuesta podrían llegar a ser demasiado para los devotos musulmanes. “El juego es un pecado grave”, dijo Mohammed Habash, miembro del parlamento y director del Centro de Estudios Islámicos, quien considera que las apuestas se encuentran a la misma altura que el consumo de drogas.
El Casino Damasco no cuenta con el mismo atractivo de los casinos de Líbano y Turquía, pero se espera que ayude a cambiar la imagen rígida y cerrada de la sociedad Siria y atraiga turistas de los países petroleros árabes. No es común ver casinos en países árabes donde la mayoría emplean leyes islámicas que prohíben el juego.
El nuevo casino de Siria ofrece máquinas tragaperras, baccarat, ruleta y blackjack. Muchas personas se han dado cita en el casino aún sosteniendo que no es un buen pasatiempo. El casino se encuentra a unos 30 kilómetros del centro y fue inaugurado sin mucha fanfarria. Es uno de los pocos sitios públicos sin un retrato de Assad, lo que indicaría que el presidente no quiere ser asociado al casino por más que no podría funcionar sin su consentimiento.


